El Hipódromo de Palermo acogió del 10 al 12 de octubre la primera edición del festival fuera de Barcelona. Una cita que reunió distintas formas de entender la cocina al fuego y que supone un nuevo paso para el proyecto impulsado por Sagardi y Discarlux.
Por Alberto Granados
Llevar un festival de parrillas a Buenos Aires tiene algo de declaración de intenciones. En una ciudad donde el asado forma parte de la vida cotidiana, el fuego encuentra un público que sabe lo que quiere y cocineros con mucho que contar. Ese fue el escenario elegido por Meat & Fire para dar su primer salto fuera de Barcelona: tres días en el Hipódromo de Palermo, del 10 al 12 de octubre, con la carne como protagonista y un buen puñado de acentos alrededor de las brasas.

Para Discarlux, uno de los organizadores junto a Sagardi, la cita argentina representa un paso importante en la trayectoria de un proyecto nacido en 2023. Después de cuatro ediciones barcelonesas, el festival ha cruzado el Atlántico para instalarse en uno de los países con mayor cultura carnívora del mundo.
La elección tenía todo el sentido. Argentina lleva generaciones haciendo del asado una manera de reunirse. Meat & Fire llegaba con una propuesta capaz de sumar otras miradas a esa tradición: distintos cortes, combustibles, puntos de cocción y formas de servir la carne, compartiendo espacio y conversación.

Argentina pone la mesa…
El cartel porteño reunió nombres que permiten entender la diversidad de la parrilla argentina actual. Pablo Rivero, de Don Julio, figuraba con un choripán, un bocado popular que encaja perfectamente en un encuentro pensado para comer de pie, pasear y seguir probando.
Juan Gaffuri, de Elena, apostó por una propuesta de lengua de vaquillona marinada y ahumada, mientras Leandro Loureiro, de EJM Chuletería, llevó al programa la vaca de pastura al asador. Tres maneras de acercarse al producto desde registros muy diferentes.

También formaron parte de la oferta la marucha ahumada con coliflor y choclo de Sebastián Cardamoni, de Fogón Asado; las mollejas con criolla de limones de Augusto Caballero, de Gaucha; y la tapa de cuadril con chimichurri de Germán Sitz, de La Carnicería.
El recorrido incluía además el wagyu del Delta del Paraná de Juan Ignacio Barcos, de Madre Rojas, y el bife de vaca de pastura Angus de Santiago Garat, de Corte Comedor. Productos y elaboraciones que pusieron sobre la mesa cuestiones que cualquier aficionado a la carne reconoce: de dónde viene el animal, cómo se ha criado y qué tratamiento necesita cada pieza.

La conexión con la cocina vasca tuvo una presencia destacada a través de Sagardi y Berria. El programa reunió el burduntzi de cerdo campero de Agustín Conde e Iñaki López de Viñaspre y el txuletón de vaca vieja con piquillos de Eduardo Benítez y Mikel López de Viñaspre.
Desde Italia llegaron Vincenzo Cugliari, de Trattoria Dall’Oste, en Florencia, con contrafiletto al pepe verde, y Pasquale Maravita, de La Baita Braceria, en Nápoles, con rib Angus y champiñón.

Barcelona estuvo representada también por Hideki Matsuhisa, de Koy Shunka, con su YakinikuDON, y por Joan Bagur, de Oaxaca Cuina Mexicana, con un taco de cochinita pibil al estilo de Yucatán. Desde Galicia, Leo Cao, de Divino Steak House, sumó el Bocado Divino.
El mapa se amplió con participantes como Sdan Hinestroza, de La Casa Humo Grill, en Medellín; Julio Cruz, de Don Cruz Steakhouse, en Ecuador; José Balart, de Toro, en Paraguay, y Pedro Nunes, de Nunes Parrilla, en São Paulo.
Esa diversidad explica buena parte del atractivo de Meat & Fire. Un mismo producto puede cambiar por completo cuando pasa de unas manos a otras: importa el corte, pero también la distancia a la brasa, el tiempo, el humo y los acompañamientos.
Discarlux, detrás de un proyecto que sigue creciendo…
La participación de Discarlux en la organización forma parte del origen y del recorrido del festival.

Su vinculación con Meat & Fire traslada al encuentro una preocupación habitual en su trabajo: conocer la carne y darle el tratamiento que necesita.
Buenos Aires abre ahora una nueva etapa para ese proyecto compartido con Sagardi. El formato combina parrillas y degustaciones con un mercado de productores, un Ágora dedicado a las charlas, los debates y las demostraciones de cocina.



Y no faltó tampoco la música en directo

Alrededor de una parrilla siempre surgen preguntas. Qué pieza es, cuánto tiempo lleva al fuego, por qué se corta así o qué cambia de una tradición a otra. Meat & Fire ha construido su propuesta alrededor de esa curiosidad. Y en Palermo encontró un lugar especialmente apropiado para seguir alimentándola.
Más información: https://www.meatandfire.org/