Por Alberto Granados…
Galicia tiene algo difícil de explicar. No sé si es la luz, el olor a mar, la manera que tienen aquí de sentarse alrededor de una mesa o esa sensación constante de verdad que todavía conservan muchos de sus pueblos. Pero cada vez que regreso siento lo mismo: que esta tierra emociona de una manera distinta. Este fin de semana lo hemos vuelto a comprobar viajando hasta Salvaterra de Miño (Pontevedra) invitados como pregoneros a la tradicional Fiesta da Sementeira junto a la famosa Cofradía del Txuletón. Un encuentro popular que mantiene vivas muchas de las costumbres, oficios y trabajos que durante décadas marcaron la vida rural gallega y que hoy siguen sobreviviendo gracias al empeño de quienes entienden que conservar las raíces también es una forma de preservar la identidad de un pueblo.
La expedición estuvo encabezada por José Portas, gerente de Discarlux, acompañado por una amplia representación de la cofradía donde no faltaban buenos amigos y grandes compañeros de viaje como el exjugador de baloncesto Fernando Romay, el periodista deportivo Iñaki Cano, los televisivos Jota Abril y Ramón Arangüena (invitado de la Cofradía), los actores Manu Baqueiro y Sergio Pazos, el empresario Aarón Guerrero, la periodista Concha Crespo, el exjugador del Real Madrid José Luis Morales, Pedro Ruiz (departamento comercial de Discarlux) y un servidor, Alberto Granados, director de la revista GastroPlanet y colaborador externo en comunicación de Discarlux. Además en este viaje nos acompañaron Asier Larrañaga, responsable comercial de País Vasco e Ibiza y Carlos González, responsable de marketing de Discarlux.
Pero antes de llegar al gran día tocaba disfrutar de Galicia como mejor se puede hacer: sentándose a la mesa.
El viaje comenzaba en O Pirata, un local con vistas al Atlántico donde el aperitivo sabe distinto. Allí arrancamos el fin de semana entre conversaciones, brindis y esa calma que solo aparece cuando uno tiene delante el mar gallego y una buena copa de vino. El sonido de las olas, la brisa y el producto marcaban ya el tono de lo que estaba por venir.

La siguiente parada sería el Restaurante Arena, donde Galicia desplegó buena parte de su repertorio gastronómico. Empanada recién hecha…

percebes, centolla… Producto puro. Sin artificios. Aquí no hace falta disfrazar nada porque el mar ya hace el trabajo más importante. Siempre pienso que una de las grandezas de esta tierra es precisamente esa: la naturalidad con la que convive con la excelencia.

Y gintonic después de comer en Náutico de San Vicente, uno de los locales emblemáticos de la zona y, seguramente, uno de los mejores rincones del verano gallego para tomar una copa junto al mar y disfrutar de conciertos al aire libre. Un lugar con ese ambiente relajado que solo tienen algunos enclaves de la costa gallega, donde la tarde se alarga casi sin darte cuenta entre música, amigos y el Atlántico como telón de fondo.


Por la noche llegaría una de esas cenas que terminan convirtiéndose en recuerdo. Nos desplazamos hasta A Xesteira, a las afueras de Sanxenxo, un restaurante donde la parrilla domina la cocina y donde el fuego se entiende desde el respeto absoluto al producto.

O Xesteira se está convirtiendo, poco a poco, en una de esas parrillas gallegas de las que cada vez habla más gente.

Nosotros cenamos una impresionante chuleta, de gran producto y perfectamente trabajada al fuego, de esas que demuestran que detrás de una buena parrilla no solo hay materia prima, también oficio, punto y sensibilidad con la brasa.

Una mesa larga, muchas risas, conversaciones cruzadas y esa sensación tan difícil de encontrar hoy en día: la de estar compartiendo algo auténtico.

El final llegó con una inolvidable tarta de queso y pistachos que todavía sigue dando vueltas en mi cabeza.

La noche la pasamos en Hotel Silgar 92 un hotel cómodo y agradable que nos permitió descansar apenas unas horas antes de poner rumbo al verdadero motivo del viaje.

El domingo amanecía temprano camino de Salvaterra de Miño. Allí nos esperaba la Fiesta da Sementeira, una celebración profundamente ligada a la memoria del campo gallego.
Nada más llegar uno entiende que esto no es una fiesta cualquiera. Aquí no hay decorados artificiales ni folclore impostado. Lo que hay es verdad. Personas trabajando para que las nuevas generaciones comprendan cómo era la vida hace apenas unas décadas.



Recorrimos las instalaciones acompañados por organizadores y vecinos que nos fueron mostrando antiguos oficios, herramientas tradicionales, trabajos de alfarería y labores agrícolas realizadas como se hacían hace cincuenta años. Uno de los momentos más impactantes fue contemplar el trabajo con los bueyes.

Ver aquellos animales arando la tierra y entender la dureza física que suponía aquello emociona y obliga a mirar el pasado con mucho más respeto. El cineasta Rubén Ríos, muy implicado en la fiesta, también nos acompañó y disfrutaba viendo la cara de una aldeana que participó en uno de los últimos vídeos de Discarlux…

No pudimos evitar hacernos la foto junto a estos dos ejemplares (nos referimos a los bueyes)




Antes de continuar con el paseo un almuerzo tradicional donde no faltó la hogaza de pan y la tortilla de patatas con chorizo…

Ramón Arangüena dando buena cuenta de los manjares de la tierra…


A las dos de la tarde llegaba el momento del pregón. Subidos al escenario, rodeados de autoridades, organizadores y cientos de asistentes, sentíamos perfectamente el cariño de la gente. El acto fue presentado por el periodista deportivo Iñaki Cano que fue presentando a todos los cofrades y que daría paso a los cofrades gallegos para que fueran los protagonistas del pregón

y contó con intervenciones muy divertidas como la de Fernando Romay y su inseparable Sergio Pazos…

Un Sergio Pazos que hubo que auparle al micrófono (preparado para Fernando Romay)

o el actor Manu Baqueiro, que conectaron de inmediato con el público.

Mientras los demás mirábamos atentos…

Esta foto fue la que nos quedará para el recuerdo. (Foto de la Voz de Galicia)

Y después, como ocurre siempre en Galicia, llegó la música y la mesa.

Una comida de hermandad donde aparecieron quesos, embutidos, pulpo, lacón asado, vinos gallegos y dulces tradicionales.

Aarón Guerrero y Sergio Pazos no perdieron la ocasión de probar el pulpo recién preparado…

Y no faltó la visita del padre de José Portas, vecino de la zona, en la foto junto a su hijo (gerente de Discarlux) y uno de los que más apostado por esta fiesta. Con Pedro García y Asier Larrañaga (también de Discarlux).

José Portas junto a uno de los organizadores…

Un día que tardaremos en olvidar. Una fiesta que ha servido para unir, aún más, a la Cofradía del Txuletón. Porque aquí la gastronomía no es únicamente cocina. Es reunión, identidad, conversación y memoria compartida.
Mientras regresaba pensaba precisamente en eso. En la importancia de seguir defendiendo celebraciones como esta. En la necesidad de proteger las tradiciones, los pueblos y las costumbres que explican quiénes somos. Y también en el privilegio que supone poder vivir experiencias así rodeado de amigos.
Galicia volvió a recordarnos algo muy sencillo: cuando se unen producto, tradición, territorio y personas de verdad, ocurren cosas difíciles de olvidar.